viernes, 16 de julio de 2010

Los Pescados traen No somos siameses

Demo del 14 de agosto de 2009


Los Pescados tienen nuevo disco. Un EP con seis temas que el dúo bautizó No somos siameses. Nelson Coral es voz y guitarra, Juan Fernando Andrade es batería y algún otro ruido. Ambos son manabitas de aquellos que comen ceviche estilo Jipijapa, con patacones, sal prieta y cerveza.
El disco se presenta este sábado 15 en Quito en El Pobre Diablo (Isabel la Católica y Galavis, La Floresta). “Esta es la portada, la hizo Daniel Vinueza (Party Boy), el man es de Guayaquil, canta en una banda llamada Cadáver Exquisito, va a tocar en Diva Nicotina con nosotros el viernes 21 de agosto”, dice Coral.
Y la portada sugiere que están juntos y hasta algo revueltos, pero no son iguales, ni hermanitos de la caridad. Los Pescados saben a lo que juegan. Antes presentaron el larga duración El año del pescado (Carter Media, 2007) y otro trabajo que llamaron Crudo. También tienen un video del tema Reina.
El año del pescado es un disco que sirvió para terminar con las especulaciones sobre si dos tipos ecuatorianos armados con guitarra y batería podían producir algo de calidad. Fue un trabajo de rock básico, elemental y directo a la vena que sirvió de carnada para llenar la red con carne fresca y jugosa. “No somos siameses cambió la marcha, forzó la máquina y se abrió camino por donde antes solo crecía maleza y ladrillos”, analiza Andrade.
Hay más. La misma voz cuenta que los temas que vienen en el disco son las seis extremidades de una criatura de circo, un freak rockero y ambulante que se originó en las profundidades del mar y ahora camina de lo más tranquilo entre nosotros. Así, como si no tuviera nada que perder y, menos aún, que temer.
El dúo es realidad inapelable. El año pasado estuvo en el Quitofest y participó en otros festivales del país. Andrade y Coral se definen con un “power dúo de rock manabita que no rompe corazones, pero sí la rompe”.
Para provocar esta acción les queda el escenario. Ahí es donde mejor se mueven, porque en vivo es donde se mide la calidad de una banda. No hay miedo que sirva, ya que lo que no te mata solo te fortalece. Y este dúo anda fuerte. No somos siameses fue grabado por Carter Media y producido por Los Pescados y Carlos Terán. Contiene: Carne fresca, Noticias, No te vi venir, Transparente, Ese no soy yo y Vamos corriendo. “No es un disco de larga duración, sin embargo, es un disco que dura y se va de largo”, dicen.
En el análisis hay que rescatar que no es un disco nervioso. Marca presencia en el fraseo de la guitarra y la voz de Coral, que mete fuerza cuando hay que meter y refleja delicadeza cuando es necesario. Descansa en la profundidad de la batería de Andrade, que manifiesta música sin locura ni desorden. Los aciertos son muchos y definitivamente es un trabajo que se desmarca de los anteriores con personalidad propia.
“Los juguetes son los mismos: guitarra, batería y voz. Cero partituras. Cero huevadas. La banda, la sensación, el feeling y la atmósfera son lo que ha cambiado, lo que tiene que cambiar para no morir en la pausa de los tiburones infelices”, deja claro Andrade.
Ellos hacen la música que quieren escuchar, la música que pensaban imposible, que salió de sus propias manos, de tocar y tocar hasta perder el norte y empezar a deambular con brújula autogestionada.
Su premisa es: los discos de Los Pescados no responden a nada ni a nadie, solo preguntan, abren, perforan y dejan el túnel habilitado para que el resto pase. Desde aquí se puede ver que el mar no está en calma. El agua se mueve, tiembla. El océano está nervioso porque allá están los peces y acá, en tierra firme, todos somos pescados.

Smokings trae rock de garaje

Demo del 07 de agosto de 2009


Los Smokings trajeron ocho temas para decir presente en una noche que los puso frente al público guayaquileño. Fue la noche en que compartieron tocada con Mamá Vudú. El escenario fue Diva Nicotina (escalón 10 del cerro Santa Ana). Las canciones para la historia fueron: Egoísta, Estrella de rock, Suicida, Pilar, Paracetamol, La vida cambia, Maldita represión y Welcome to the club, de la cual tienen un video que ya va por las 90 tocadas en Internet.
El grupo se empezó a construir cuando una noche se encontraron los guitarristas Máximo Gorki y Daniel Merchán en el bar Mahalo (ya no existe) del cerro. Merchán trabajaba ahí y Gorki ya tenía unas ideas para trabajar unos temas.
Los Smokings nacen a mediados de 2007. Para ellos la música no es más que un medio para desechar toda la ira que llevan dentro. “Solo hacemos lo que hacemos, nada más y no sabemos por qué”, es uno de sus mandamientos.
Los otros Smokings son Marco Benetazzo en el bajo y coros, y Javier Izquierdo en la batería. El estilo que defiende la banda es garage rock, más unos toques de pop punk con algo de punk más clásico.
Guayaquil no para de producir rock. El puerto está de gracia porque la escena goza de buena salud. El alimento de Los Smokings está en la sala de ensayo. El grupo se cobijó desde el inicio a practicar sus temas para dejar una huella que sirva como credencial al momento de juzgar su trabajo. Por eso el video de Welcome to the club, dirigido por Oliver Acuña, es la muestra de su realidad, donde el resumen es trabajo y más trabajo.
Musicalmente la banda se decanta por el garage rock, con algo de underground sin embargo, queda la sensación de que su sonido no es tan sucio como para caber de lleno en este estilo. En ocasiones puede parecer demasiado producido. Pero el grupo tiene su toque, eso no se puede negar, y suena, que es lo que realmente importa a la hora de juzgar la música.
También queda la impresión de que Los Smokings son mejores cuando no están en vivo; y la recomendación de los fanáticos es “en vivo es todo”. En Diva se notó lo que el escenario exige, y quedaron algunos vacíos que el tiempo debe hacer madurar hacia un mejor fruto, ya que hay materia para ello.
Algo de la vieja escuela se percibe en esta banda. Gorki y Merchán se turnan en las canciones para decir en el tema Egoísta: “Al espejo solo veo al mismo cabrón, solo te daré rock”. Esto es parte de la identidad que andan buscando. Ellos saben de qué se trata, solo tienen que enrumbarse.

Basca en el Rock Fest 1

Demo del 01 de agosto de 2009


La historia de Basca empezó en 1989. Amigos de colegio y conservatorio se juntaron para crear un grupo de rock, pero sobre todo para pasarla bien. Paulo Freire en guitarra, Alex Betancourt en el bajo y Franklin Pérez en batería son los protagonistas iniciales de esta aventura.
Realizan sus primeras apariciones en Cuenca, sin embargo fue una etapa de mucha inestabilidad. Pasaron por las voces Antonio Peña y Diego Ledesma; luego entró Bolívar Guachichulca a la segunda guitarra. La aventura tuvo sus momentos para no creer ya que en esta primera etapa ensayaban con guitarras de madera, y la batería no era más que un par de sillas para aporrear; en las presentaciones se recurría a los infaltables amigos, quienes ayudaban prestando los instrumentos verdaderos, acompañados de una hinchada que los respaldaba siempre donde sea.
Lo que siempre tuvo Basca fue filosofía, el nombre, explican sus integrantes, sirve para representar la sensación de náusea y rechazo a los falsos gobernantes; que tienen sus voces y mentes llenas de mentiras e hipocresía. Así mismo a la sociedad que se opone a los pensamientos de libertad de la juventud.
Ya para 1991 el avance incluyó a Juan Pablo Hurtado en la voz, y las tocadas incluían covers de Metallica, Megadeth, Slayer, Danzig (EE.UU.), Sepultura (Brasil), Motorhead, Black Sabbat (Inglaterra) y Héroes del Silencio (España). En cada concierto, la banda, iba sumando adeptos, y de a poco y gracias a la iniciativa de Paulo Freire empieza a componer temas propios.
Luego, consolida sus ideas y su forma de pensar: "Buscar una ruptura con lo establecido, hacer música con un mensaje directo, contar las vivencias diarias por las que pasamos los jóvenes, inconformidad con el sistema, represión, pobreza, incomprensión, mediante frases simples y directas", sostienen los músicos. Eso se puede resumir en música creada con sentimientos de experiencias vividas y sentidas, no inventadas.
En 1994 Geovanny Sagbay se suma a la batería. Con la ayuda de César Padilla, el grupo consigue unas cuantas presentaciones fuera de Cuenca. El encuentro con Quito se produce en septiembre de 1996. Ya para entonces era parte del sombrío y marginado escenario underground, sin embargo, Basca marca territorio con su fuerza, energía y sincronización en escena.
El disco Hijos de... se graba en Cuenca en 1997, en condiciones poco favorables. La grabación y la reproducción son costeadas con el ahorro de unas presentaciones. Este trabajo contiene nueve temas donde destacan Hijos de..., Milicia, Heavy rock, Ultratumba y Ándate, que se convirtieron en los favoritos de público metalero ecuatoriano.
Tierras Nefastas es su segundo trabajo profesional; fue grabado y mezclado en Cuenca en 1999. El disco contiene temas sociales que alientan a luchar contra lo malo que se cruza en el camino. En la misma línea musical, cuenta los problemas de una sociedad que esta ahí pero que no se ve. Los temas más relevantes son: No hay razones, Decisión, Triste caricia, Sucesor, Viejo bar.
El recorrido lleva a la banda por diversos escenarios y por otros trabajos discográficos que incluyen algunos recopilatorios. También hay cambios de integrantes, pero esto no perjudica a Basca que se mantiene vigente.
En 2003 participa en el disco La historia del rock cuencano, un proyecto que junta a once bandas de dicha ciudad. Basca propone los temas Condenado y Sucesor, una de sus canciones más queridas por sus seguidores.
La trayectoria de Basca la ha hecho telonear a Obús de España, Guillman y Arcángel de Venezuela, Rata Blanca y Tren Loco de Argentina, y Luzbel de México en sus giras ecuatorianas. Siempre demostró calidad y viene a Guayaquil para proponer su trabajo que la tiene como una de las mejores agrupaciones del metal en el país. Hoy, en Bambú, en Panamá 418 e Imbabura.

Mapa de ruido está aquí

Demo del 24 de julio de 2009


Mamá Vudú pasó por Guayaquil el sábado 18 de julio y dejó la gratificante presencia de su último disco bautizado Mapa de ruido; este es el séptimo. Antes la banda quiteña-ambateña editó Tropical brea (1995), Estación polar (1998), Luna lombriz (2000), Aeroclub (2001), Macrosensor (2004) y Clínica de santos y muñecas (2007).
Siete discos hablan bien de cualquiera y quince años en la carretera musical no puede ser un accidente. Mamá Vudú son Édgar Castellanos en guitarra, voz y secuencias, Álvaro Ruiz en batería, Roger Ycaza en voz y la otra guitarra y Francisco Charvet en bajo.
La presencia de este disco, donde vienen los temas: Retorno, Cipreses, Automático, Viamedia, Radar, Mastodontes, Templo, Cazadoras, Alta saturación y alguna sorpresa, marca llamado para buscar y encontrar este mapa, donde los seguidores del movimiento rockero ecuatoriano pueden perderse con confianza en el tratamiento que la banda le da a cada una de las canciones.
Mapa de ruido es el resultado de un proceso de creación intenso, de muchas horas de ensayos y convivencia, deja claro Mamá Vudú. A eso le agrega experimentación y fascinación por el rock and roll, más un sonido propio que reclama pista para despegar hasta latitudes mundiales.
La banda estuvo de gira por Chile, Perú y Panamá. Eso habla bien del rock ecuatoriano. El reconocimiento a una forma de hacer y sentir la música se hace palpable con los Mamá. Diva Nicotina fue el lugar escogido para presentar el disco en Kill City. La banda local Los Smokings pasó invitación a Mamá para compartir tarima. Acierto total en una noche que se prolongó hasta la mañana compartiendo charla, anécdotas y, por supuesto, algunos tragos.
Y es que Mamá Vudú también tiene roll, la parte del rock que le falta a muchas bandas. El grupo va por la noche sin temor. Ataca la vida como ataca cualquiera de sus canciones. Sus integrantes no son poseros, ni actores. Viven la música como una cosa normal, pero con el conocimiento de que no hay para qué inventarse cuentos, porque la realidad los mantiene conscientes de quiénes son.
Poco queda de la banda que empezó en octubre de 1992, cuando de emergencia reemplazó otra banda en la inauguración de un bar en Quito. Ya no hay más covers, ni versiones ajenas. Cuando en 1993, ya identificada como Mamá Vudú, arrancó su andadura por bares quiteños, el horizonte se veía extraño.
Ahora solo hay respuestas positivas del público que escucha a Mamá. La expresión musical es acertada. Canciones con una grata actitud independiente, invadidas por melodías inspiradas en la onda new wave y la fuerza del punk, hallan eco en la gente que acepta el estilo alternativo como algo que los identifica.
Mamá Vudú tiene sus credenciales. Estos quince años han servido para establecer su música en Ecuador y fuera de él. No es una banda de barrio y patio trasero, tiene su filosofía y en sus composiciones está la idea de su trabajo, donde se respira el oxígeno de su libertad y creatividad.
Mapa de ruido no es la excepción, el productor Daniel Pasquel consigue resaltar el espíritu imaginativo de la banda. Castellanos e Ycaza dicen en Viamedia : “Puedes deslizar tu cuerpo y huir, y puedes crear mundos paralelos, crees justificar tu presencia aquí, prefieres callar, silencio mortal”. Ese es el reflejo de una realidad que vive el drama de saber que existen muchas cosas, pero la libertad no es negociable.

Cabaré trae rock y fiesta

Demo del 17 de julio de 2009



Cabaré tiene una historia escondida, pero no tiene nada que ver con algún hecho bochornoso. Esta banda guayaquileña despega con un disco donde los detalles han sido cuidados profesionalmente. Sus integrantes dejan claro que no les gusta el fracaso y abordan el dato de la música con seriedad, pero con la alegría de saber que están enrumbados por buen sendero.
No son solo palabras. El grupo lo demuestra con acciones. Por eso ya tiene su primer video del tema Temporal, realizado por el cineasta Michael Endara y producido por la Escuela de Cine de Guayaquil. Ahí se cuenta la historia de un joven que vivió en 1900, quien se encuentra en el bosque a una extraña chica, llorando porque ha perdido su muñeca. Este encuentro desencadena vampirismo, erotismo y un trágico final.
Cabaré está integrado por Mayckol Ureta en la voz, Miguel Ochoa trabaja en guitarra, Juan José Ferreccio pone el bajo, y Juan Carlos Zúñiga en la batería. Zúñiga se incorporó en el proceso de grabación del disco, luego de la salida de Francisco Córdova por inconvenientes laborales.
El primer sencillo que introdujo la banda se llama Cuando ya no somos; este tema también viene en Cabaré Clausurado donde aparecen las canciones Caída libre, Botellas vacías, Temporal, Hay amores, Tres tiempos y más para llegar a un total de once. El disco se vende en los almacenes Musicalísimo de Guayaquil, Quito y Cuenca.
Cabaré hace un rock que no asusta, ni mete miedo. Divierte. Se apoya en la frescura manejada con acierto por la guitarra de Ochoa. Su propuesta es sencilla y sin rebuscamientos, pero no abandona la esencia de lo que es el rock clásico. A eso le suma toques modernos y otros elementos del pop para que las melodías encuentren oídos y no se extravíen en la oscuridad ni en odiseas extrañas.
Su estilo es de Cabaré. Tiene nombre propio y sorprende por el nivel profesional con que sus integrantes proponen su trabajo. En suma es rock ecuatoriano que puede pararse en cualquier escenario sin esconder el rabo entre las piernas, ni amedrentarse por nombres y países.
El grupo desea dejar su huella con un espectáculo que recuerda al cabaret antiguo, como aquellos que reinaron en Cuba y México, donde todo era una especie de fiesta que se apoyaba en la música, el baile y el teatro; la banda le agrega a la escena videos experimentales de cine arte concebidos por los mismos integrantes. Pero donde lo más importante es la música.
Tres meses le dedicaron al proceso de grabación del disco Cabaré Clausurado que fue masterizado en Florida, pero la producción total representó un año. El guitarrista Miguel Ochoa dice que el proceso también se llevó a sus novias, pero el grupo encontró otras cosas valiosas. Ahora solo queda potenciar la música a través de un trabajo de calidad.

Kaos une punk y hardcore

Demo del 04 de julio de 2009


Kaos está vivo. Lo demostró en la Semana del Rock de Guayaquil el pasado sábado 13 de junio. Y está vivo después de superar los cambios de muchos integrantes y hasta la muerte de uno de sus vocalistas. Pero Kaos sigue y en septiembre llegará a los 17 años de existencia.
La alineación actual la comanda el eterno Tony El Ruso Sánchez, ahora bajista, pero que también tuvo su época de baterista; Galo Bruque, en la voz y en los gritos; Freddy Triplebombo Gómez, en la batería, y X40 en la guitarra.
"Nos hemos manejado en el dato de que la amistad está por encima de lo musical. Siempre hemos seguido esa línea", dice El Ruso. Eso se nota cuando se reúnen para contar una historia, que si bien ha tenido sus momentos caóticos conserva el espíritu de lo que ellos llaman la esencia de lo underground, con el estilo punk hardcore como bandera y sustentado en lo subterráneo, la calle con todas sus vivencias de malicia y la desesperación que provoca la injusticia.
El retrato de Kaos contiene elementos sórdidos y podridos. Desde su nacimiento en Guayaquil en septiembre de 1992, cuando el Malecón del Salado era patrimonio de indigentes, fumones, rockeros y más tránsfugas por ahí se arrimaban los viejos Kaos compartiendo trago y otras vainas en el parque Guayaquil junto a su obelisco, a donde, por supuesto, también llegaban los policías diciendo: “Trepa al Trooper mono dañado”.
Esos momentos fueron los que dieron paso a canciones como La batida, Robaburros y Prepotencia militar, que los fanáticos transformaron en clásicos de tocada obligada. El recuento de tanta vida que las noches con sus excesos se llevaron, está impregnado de nostalgia en la voz del Ruso y de Galo Bruque.
Los rastros también se encuentran en su página web www.myspace.com/somoskaos, donde cuentan que eran un solo gajo y en aquella época, todos se conocían. No existía división de géneros y estaban juntos con Murano, Sociedad de Excremento, NPH, Notoken, Ofertorium y Sadist Existence. La música de aquel entonces únicamente se difundía mediante correspondencia y nadie soñaba con la maravilla de Internet.
Estos son otros tiempos, sin embargo Kaos se mantiene; ahora la banda se ha estilizado con el hardcore y la fusión con música de sanación y meditación podría ser una broma o una ironía, pero el grupo va y no se piensa alejado de los escenarios. "Hemos manejado el dato bien under, pero es una banda que tiene apertura para sus integrantes y acepta las críticas, porque eso es parte del crecimiento", dice El Ruso.
Ahora hay más contenido lírico en sus canciones, ya no bastan el insulto y la mofa; para mostrar el cambio proponen los temas Identidad mecánica y Apocalipsis global, que si bien han creado recelo entre sus seguidores, mantienen su esencia punk. El grupo está en transición. Desde 1994 cuando creó su primer demo llamado El derecho al respeto de su inocencia, siempre apostó por un sonido entero, contundente y directo. Y de ahí no se va a bajar.

Luis Rueda sirve su caldo

Demo del 27 de junio de 2009


Este caldo de Rueda está espeso. Sobrecargado de rock. Tiene su hueso carnudo. Alguien podría ponerle más aderezos, sin embargo, no los necesita. Tiene y le sobra energía, fuerza y presencia. ¿Para qué más? Dos años de componer, grabar y dar vida a este nuevo trabajo discográfico. Él lo dice: “El caldo está listo y servido”. Ahora hay que devorarlo pasando por alto algunas buenas costumbres.
Luis Rueda y el Feroz Tren Expreso, banda con la que trabajó toda esta etapa solista no tan solista, han logrado un disco cargado de rock, del buen rock al que Rueda y sus secuaces de turno ya tienen acostumbrados a sus seguidores. Son diez temas donde la maldad se encuentra intacta, donde la irreverencia predomina en cada letra. El Caldo de Cultivo es justamente el extracto de años de trayectoria, de búsquedas y desencuentros, de emociones y cuestionamientos, y de alguna que otra gota de sangre.
El caldo fue cultivado desde su concepción como un trabajo experimental, grabado en el corazón físico de La Burbuja, como autodenominó el propio Rueda a su departamento, cubil bohemio, artístico, multiusos, sala de ensayo, reducto noctívago y destino presagiado de grabación. La idea inicial y punto de partida que motivó registrar este álbum allí, fue absorber la energía y las sensaciones que este fantasmagórico inmueble ofrecía. Con tiempo de sobra, sin presiones, sin relojes, con largas noches, algunos tragos y mucho rock and roll, se cocinó el caldo.
Por eso es que Rueda manda a las abejas al panal, a las ovejas al camal y a las cabras al baúl. Prefiere ir en su nave que en un ataúd e inventar su propia historia sin copia, pero con mucha tacha y todavía más enmendaduras. También mete alguna que otra puteada para dejar en claro su posición respecto a ciertos temas que le carcomen el alma.
En el viaje luce cada vez más desencantado. Y el tren parece a punto de descarrilarse. Dice: “Hay un problema enorme de comunicación y eso termina arruinando todos los inventos. Nuestro medio carece de creatividad, de intenciones serias, donde cualquier intento artístico está más supeditado al factor económico que al arte en sí, y se ha llegado a generar una costumbre de medir las cosas solo por su éxito. Si no tiene éxito no vale”.
Es contundente y piensa que la gente no tolera que uno tenga su propia fe, y para muchos es una joda loca ir como borregos al son que les tocan. Por eso cuida con gran devoción su mala reputación y prefiere ir por la vida sin hipocresías. “Me parece abominable el hecho de que con un trabajo serio y constante de años, llegar a un séptimo disco y ser puesto en una cartelera de un periódico después que te hacen una entrevista de una hora y media. Para qué mierda me hacen ir a un periódico donde ni siquiera pueden poner copy y paste al boletín que se les envía”. No lo dice para parecer incendiario, pero desea aclarar que su canción El pelo quinto (Los maestros del amor) hace rato que no la toca en sus conciertos, y es una etapa más que superada.
Hoy vuelve Rueda con el Feroz Tren arrasando los caminos. Lo acompañan Dandabass en el bajo, el ruso Sasha en el trombón y en la batería alternarán Juan José Ponce y Christian Freire. Esta será la banda base para disfrutar de un noche llena de invitados y de un lanzamiento que Rueda califica como imperdible.
Lo que realmente importa es que está aquí con su séptimo disco. Y aunque admite que alguna vez siente que se le van las fuerzas de tanto luchar contra la estupidez y la ineptitud de muchos, no va a renunciar a la música. Deja como corolario que lo desea todo en vida. “No quiero que después de mi muerte me hagan notas, ni me den páginas. Es ahora que necesito y exijo el respeto que merezco como músico serio y profesional”.